s√°bado, 16 de marzo de 2019

Historia de un sue√Īo de juventud.

A veces los sue√Īos se cumplen. Tendiendo a cumplirse m√°s los que son menos ambiciosos, eso s√≠. El mi√©rcoles, 13 de marzo de 2019, ser√° una fecha grabada a fuego en mi autoestima y la de algunos buenos amigos que nos hemos ido encontrando por la vida.




Durante los largos veranos en los que a√ļn no se tiene carn√© de conducir, mi grupo de amigos y yo nos sent√°bamos en los bancos del paseo de nuestro pueblo y habl√°bamos de cosas que por aquel entonces eran cotidianas en las conversaciones de adolescentes, aunque si algo distingu√≠a nuestra cuadrilla de otras era un palpable inter√©s por la ciencia y la tecnolog√≠a. En mi caso, quiz√° buena parte de culpa para hablar de esos temas la tuvieran -por orden cronol√≥gico- mi hermana y mi t√≠o Pepe con sus regalos frikis cuando estaba en primaria, la revista Muy Interesante que llegaba religiosamente a mi casa bajo el sobaco de uno de mis hermanos y las suscripciones a la National Geographic -entre otras- de la biblioteca del instituto en la que sol√≠amos quedar para hacer los trabajos de clase. Curiosamente, apenas uno de todos los que √©ramos podr√≠a considerarse alumno ejemplar (sac√≥ matr√≠cula de honor de nota media y termin√≥ siendo -creo recordar- la 3¬™ o 4¬™ mejor nota de su promoci√≥n de fisioterapeutas). Los dem√°s no √©ramos tontos, y por aquel entonces sab√≠amos perfectamente que la constancia no era la mayor de nuestras virtudes, el futuro se encarg√≥ de darnos la raz√≥n en eso. Pero habl√°bamos. Mucho. Horas y horas. Las pir√°mides y Egipto, Roma, neurolog√≠a, biolog√≠a, Grecia, qu√≠mica, los nazis, los dinosaurios, f√≠sica, extraterrestres en pleno apogeo de Murder y Scully... Cuando cambi√© de cuadrilla por circunstancias propias de la vida que cada uno encarrila cuando se "hace mayor", me di cuenta de lo especiales que eran mis amigos del instituto. Jam√°s pens√© que echar√≠a de menos aquellas conversaciones porque nadie m√°s hablaba de esos temas que a nosotros nos chiflaban, y que puede que hasta fortalecieran nuestro v√≠nculo. Decid√≠ entonces no perder el contacto en la medida de lo posible porque las charlas del resto de gente me llegaban a aburrir, y pensaba que ser√≠a normal que en un pueblito cercano a Bilbao lo normal era que no hubiera nadie interesado por la ciencia o la tecnolog√≠a. Y ya en el pueblo de veraneo, de 300 habitantes, ni les cuento, queridos lectores. 

Para mi desgracia, normalic√© la ausencia de ciencia en mi entorno, y solo pod√≠a a√Īorar todas aquellas cosas de las que habl√°bamos en los bancos del paseo.

Pas√≥ media vida desde entonces, incluyendo casi 15 a√Īos trabajando en un sector que -al menos- me hac√≠a sentir realizado: el aeron√°utico. Aprender c√≥mo son y c√≥mo funcionan los motores de los aviones era una de las preguntas que nos hac√≠amos durante la adolescencia cuando uno pasaba por encima de nuestro pueblo dejando las estelas de condensaci√≥n. Ya entonces descart√°bamos que fueran chemtrails. Aquel descubrimiento me hizo incluso quedar con alguno de ellos para garabatearles una secci√≥n de motor de avi√≥n y explicar lo que pasa ah√≠ dentro -a grandes rasgos-. Aquella √©poca de mi vida termin√≥ y tras el salto al vac√≠o de verme abocado al paro, decid√≠ distraer mi mente. As√≠ fue como hace casi un lustro me met√≠ en este berenjenal que muchos ya conoc√©is. Un blog, twitter, instagram, Facebook… Leonardo D´Anchiano se encarg√≥ de resucitar toda esa curiosidad que siempre tuve latente y empec√© a consumir en privado lo que antes hac√≠a en grupo durante mi adolescencia: art√≠culos cient√≠ficos, libros sobre ciencia, historia...  Y sin diferencias notables sobre la adolescencia: lo que buscaba era compartirlo con m√°s gente. Usar la red para aprender, pero tambi√©n para que del mismo modo que yo aprend√≠a, pudiera despertar la curiosidad en otros. Bendito internet. 

De repente, resulta que mi lista de "amigos virtuales" consume la misma mandanga que yo en la web y aunque durante a√Īos son poco m√°s que una foto con 140 caracteres a su lado, un buen d√≠a se convierten -nos convertimos- en personas de carne y hueso. Lo llaman "desvirtualizar". Los hay profesores de instituto, investigadores, community managers, actores, escritores... Gente brillante con CVs tan apabullantes en comparaci√≥n al m√≠o como su cercan√≠a para conmigo. Gente potente. Y me encanta estar con ellos, porque no me canso de o√≠rles hablar. Mucho. Entre ellos hay una persona que un buen d√≠a se acuerda de m√≠, del @becarioenhoth y, para mi sorpresa, de Balmaseda, el peque√Īo pueblo cercano a Bilbao. Hablo de Juan Ignacio P√©rez, I√Īako (@uhandrea en twitter e instagram), director de la C√°tedra Cient√≠fica de la EHU-UPV, e incansable trabajador por la causa: promulgar la cultura cient√≠fica en la sociedad. Una persona incre√≠ble con la que apenas paso una hora AL A√ĎO, y que sin embargo se acord√≥ de nosotros ese d√≠a. Pod√≠a no haberlo hecho.


El pasado mi√©rcoles, 25 a√Īos despu√©s de que sucediera toda aquella historia de los bancos del paseo de Balmaseda, la Casa de Cultura acog√≠a la presentaci√≥n de un evento -el primero de muchos- sobre una iniciativa colaborativa del CSIC (Consejo Superior de Investigaciones Cient√≠ficas) y la FECyT (Fundaci√≥n Espa√Īola para Ciencia y Tecnolog√≠a). Su nombre es Ciudad Ciencia, y con lo poquito que he tenido que hacer para que llegue hasta mi casa, me siento orgulloso de que los habitantes de mi pueblo tengan la posibilidad de tener especialistas en muy diversos campos de la ciencia que son enviados a Balmaseda para contar sus investigaciones, para hacer teatro en clave cient√≠fica, para presentar exposiciones o realizar excursiones o talleres como el del chocolate que tuvimos el otro d√≠a. 


Por muy mal que pens√©is que lo hac√©is en la vida, recordad que no todo tiene que ser aqu√≠ y ahora, y que seguramente lo mejor est√© por venir. Conocer√©is gente fant√°stica, sonreir√©is como un cr√≠o cuando ve√°is que aport√°is algo a los dem√°s… y eso es una sensaci√≥n maravillosa, os lo digo yo.