domingo, 17 de septiembre de 2017

En #Naukas17 aprendí…

Foto: @xurxomar
Que la quimiofobia, aunque sea algo muy serio, puede hacerte llorar de risa.
Que los transposones a veces aterrizan en el lugar equivocado y nos hacen una pequeña putada.
Que no es persona todo lo que parece… y menos en twitter.
Que la Cassini ha dejado un legado abrumador en términos científicos.
Que hay que tener cuidado con las dietas de carbono.
Que hay muchas maneras de gestionar anuncios fatales siendo médic@.
Que el espín tiene rotación y traslación. ¿O no quedó claro? XD
¡Que la física es la leche!
Que el humor puede ayudar a divulgar sobre el cambio climático.
Que no son prótesis todas las que lo parecen. Hay órtesis.
Que el traje de Armstrong iluminó indirectamente al de Aldrin en la Luna.
Que Jane Marcet concibió el formato Q&A como método de aprendizaje para mujeres.
Que las bacterias también se vacunan.
Que a FitzRoy le metieron un buen gol.
Que hay que patentar más, leñe. 
Que no por más antiguo el arte tiene más valor.
Que la ciencia-ficción ha influido a veces en la ciencia real.
Que la pirámide alimenticia de los envases es un lobby con piel de cordero.
Que las máquinas pueden provocar asombro y enfado.
Que cuanto más se reduzca el número de susceptibles de infección, más difícilmente se propagará una enfermedad.
Que la aceleración de la gravedad aplastaría a los alienígenas contra la pared del ovni.
Que hay algo más que un vínculo entre madre y feto.
Que un umbráfilo es alguien que busca los eclipses, para verlos.
Que los neandertales usaban mondadientes.
Que la magia es un conglomerado de movimientos.
Que todo lo que tiene carbono, arde.
Que podía haberse dado el caso de que tres generaciones ganaran un Nobel, pero no.
Que en el siglo XIX un aristócrata no podía tener la culpa de un fallo fatal.
Que se puede defender un monólogo ante un auditorio hasta la bandera con 16 años.
Que Franco guardaba una tesis doctoral de Agustina en un baúl. INVENT.
Que a Marte hay que llevarse una rebequita para las noches.
Que en pocos años, se ha más que duplicado el número de áreas del cerebro a estudiar.
Que no hay nada como estar con tu madre para resolver algo que no tenía solución hasta entonces.
Que la historia ha maltratado hasta puntos inimaginables el papel de las mujeres en la ciencia.
Que las verdades irrefutables en materia de alimentación son de todo, menos verdades.
Que ni caliente para los hombres, ni frío para las mujeres, ni viceversa.
Que Freud… Nada. Mejor lo dejamos.
Que cada bolsa de plástico que no llegue al mar, salvará una tortuga.
Que la música de viento y la física van de la mano.
Que Juego de Tronos puede aplicarse al cambio climático.
Que el SIDA no tiene vacuna (aún), pero que se ha avanzado muchísimo desde su detección.
Que la mecánica cuántica se puede divulgar bajo el paraguas del humor.
Que, con algún matiz, la cafeína y la teína son básicamente la misma molécula.
Que en el hiperbucle será necesario llevar pañales.
Que no hay que comprar especies invasoras aunque las vendan.
Que una nueva manera de enseñar es posible. Incluso con Pikatxu.
Que los de Bilbao nacemos donde queremos, y eso incluye Murcia.
Que de la misma manera que no creeríamos que Messi fiche por el Athletic, no nos creamos todo lo que veamos en internet sobre astronomía.
Que la falacia ad hominem ya no se lleva, aunque algunas lo intenten.
Que el término “cuarentena” está asociado a la época antigua, donde el número 40 estaba muy presente.
Que el anticiclón de las Azores es una mezcla de casualidad y causalidad.
Que los cerebros de hombres y mujeres se parecen más de lo que se diferencian.
Que, puestos a usar campos de fútbol, también se puede establecer el Neymar como unidad de medida.
Que hay gente cuyas conversaciones están varios campos de futbol por encima de la media.
Que hay que ver el cielo del hemisferio sur al menos una vez en la vida.
Que los insectos vuelan por el mismo principio que los aviones, o casi.
Que hay 36 ceros después de la coma, y un uno.
Que los andinos evolucionaron hacia el hematocrito y los tibetanos hacia la eficiencia respiratoria.
Que los nombres de los medicamentos son de todo, menos casuales.
Que el Quimicefa era un juego de niños, en el sentido más figurado de la expresión.
Que nuestra vida discurre por un espectro de escala de grises del cáncer. No es blanco o negro.
Que la juventud viene pegando fuerte y con nuevas tecnologías, como debe ser. Que hay esperanza.

Y que, además, lo mejor está por venir. Hasta #Naukas18.


Puedes encontrar todas las charlas del evento aquí.

miércoles, 13 de septiembre de 2017

Gracias, Cassini-Huygens

Explicaciones atribuidas a cosas inexplicables. Y aceptadas por todos. No ha cambiado mucho el cuento desde la Antigüedad hasta hoy. La mitología está plagada de relatos fantásticos con héroes haciendo cosas maravillosas, pero también con dioses perpetrando maldades que permitieran explicar la realidad. Era su manera de ubicarse en el mundo y, por extensión, en el universo.

Saturno devorando a un hijo
(P.P. Rubens)
Más allá de las aventuras con final feliz, existía un trasfondo oscuro, terrible, en el que era aceptado por el imaginario que un padre pudiera comerse a sus hijos si así era requerido. Es el caso de Saturno. Un dios anciano de poblada barba blanca, con una guadaña con la que sesga todo a su paso. Como el tiempo. Responsable de la agricultura y la cosecha, Saturno era el dios romano equivalente al griego Cronos. Hijo de Urano y Tellus, el cielo y la tierra. Hermano pequeño de Titán, quien cedió el trono a Saturno a cambio de que no pudiera criar hijos para que fueran los de Titán quienes heredasen el Olimpo. Ese pacto le haría tomar la decisión de devorar cuantos hijos tuviera con su mujer Ops. Sin embargo, ella ocultó a Neptuno, Júpiter y Plutón haciéndolos criar junto con su hija Juno. Titán descubrió el engaño, y los encerró. Una vez adulto, fue su propio sobrino Júpiter quien acabó derrotándole, que también se vengó de su padre. Así, la dinastía de Ops y Saturno perduró con Júpiter reinando. Dicen que, tras esto, Saturno acabó convertido en mortal y viviendo en el Lacio italiano recibido por el rey Jano. 

El monarca quiso conmemorar aquella época de reinado de Saturno creando en su honor las Saturnales, que tenían lugar el 25 de diciembre (hoy en día fecha a la que se trasladó el nacimiento de Jesucristo cuando el emperador Constantino convirtió el Imperio Romano al cristianismo. Según las propias escrituras, es más que probable que Jesús de Nazaret naciera en septiembre). Se trataba de un solo día, que fue aumentando con el paso del tiempo. Augusto los hizo comenzar el día 24 y durar tres días y el emperador Calígula añadió un cuarto día de festejos. Durante aquellas jornadas en honor a la Edad de Oro del reinado de Saturno en el cielo los amos dejaban de serlo y los esclavos podían actuar y hablar con total libertad. El monte Aventino era una de las siete colinas sobre las que se construyó al Antigua Roma, y también era el lugar de reunión en el que dueños y amos intercambiaban papeles sin importar qué se dijera o se hiciera. Una manera de disfrutar de la vida en armonía que nada tenía que ver con la corta vida de los hijos de Saturno tras el pacto con su hermano mayor Titán, ni tampoco con la larga vida de la misión espacial que el próximo 15 de septiembre acabará en escasos segundos como un kamikaze adentrándose en la atmósfera del planeta anillado para aprovechar hasta el último momento en pos de la ciencia y el conocimiento de la formación y evolución de ese tipo de cuerpos celestes, tanto en nuestro sistema solar como en el resto de sistemas con las mismas características que este.


Una aventura que comenzó el 15 de octubre de 1997, cuando el cohete TitánNB/Centauro despegaba desde Cabo Cañaveral, en Florida (EEUU). Demostrando que la unión hace la fuerza, la NASA, la ESA y la ASI lanzaban rumbo al conjunto de Saturno la misión Cassini-Huygens. Los nombres de las sondas están relacionados con los astrónomos Giovanni Domenico Cassini y Christiaan Huygens. Cassini fue un astrónomo italiano del siglo XVII, y francés de adopción, tanto que el rey Luis XIV llegó a nombrarle director del observatorio de París y miembro de la Academia de Ciencias. Sus valiosas observaciones ayudaron a reafirmar la teoría de la gravitación de Newton. Además fue capaz, en aquel tiempo,  de medir los períodos de revolución de Marte y Júpiter. También descubrió cuatro satélites de Saturno y la división de sus anillos, calculó el tamaño del sistema solar y observó el movimiento de cometas y el aparente del Sol. Christiaan Huygens, por su parte, era hijo de un diplomático holandés también del siglo XVII y eso le facilitó una vida elitista de la que sacaría partido intelectual. Fue uno de los pioneros en el estudio de la probabilidad matemática y resolvió varios problemas geométricos, además de realizar importantes observaciones astronómicas.

En el proyecto colaboran diecisiete países, involucrados en mayor o menor medida, dispuestos a conocer algo más sobre el Señor de los Anillos y su particular comunidad. Un viaje lleno de ciencia gracias al cuál todavía hoy podemos seguir maravillándonos de lo infinitamente pequeños que somos. Este resumen puede poner al lector en perspectiva, si es que se conciben todos los datos: desde la Tierra a Saturno hay 10 veces la distancia de la Tierra al Sol. Esto es, un total de 1500 millones de kilómetros, pero la empresa se torna más épica sabiendo que, por cuestiones de mecánica orbital, ha sido necesario recorrer más del doble para llegar hasta allí: 3500 millones de kilómetros. Durante ellos, impresionantes mini-misiones sobrevolando toda roca flotante para enviar datos/imágenes desde los artilugios más avanzados de la historia en su momento -de los que, por cierto, no nos podemos quejar-. Sobrevoló Venus dos veces, la primera de ellas a 234 km de su superficie (26 de abril de 1998) y la segunda a 600 km (24 de junio de 1999), una vez la Tierra a 1171 km de nuestras cabezas (18 de agosto de 1999) y otra Júpiter desde 10 millones de kilómetros (30 de diciembre de 2000), después de haber atravesado también el cinturón de asteroides entre Marte y Júpiter. Con ese periplo, llegó a Saturno el 1 de julio de 2004, lugar en el que lleva explorando desde entonces de maneras muy diversas. Y no sólo el planeta, sino también algunas de sus lunas. Hay fotos verdaderamente impresionantes entre las 480000  que ha enviado (cuatrocientasochentamil, se dice pronto). Por no hablar del fabuloso vídeo del aterrizaje de la Huygens sobre Titán, que tuvo lugar el 14 de enero de 2005. La sonda se había separado del orbitador Cassini en la Saturnalia de 2004, o sea, el día de Navidad. Sólo los científicos son capaces de aportar ese vínculo sentimental a sus aparatos, como hicieron en esta ocasión con la sonda Huygens, descubridor de Titán que podéis ver un poco más abajo. En cierto modo, era el holandés el que descendía mirando a través de los ojos de la sonda antes de llegar a tocar la superficie. Pasó algo parecido con la misión Rosetta y el módulo Philae.



Los responsables del programa dividieron la misión en tres partes diferenciadas desde que llegara allí. Llamaron «Misión primaria» al período entre 2004 y 2008, «Equinoccio» de 2008 a 2010 y «Solsticio» a estos últimos 7 años de investigación. Más detalladamente, a este último «momento» de la misión en el que nos encontramos ahora le han denominado «Gran Final», y no es para menos. Desde el pasado mes de abril, se ha conseguido algo jamás visto: modificar la órbita de la sonda de manera que pase entre el planeta y los anillos… una vez a la semana, durante varios meses hasta completar la operación 22 veces. Y todo gracias, entre otros, a Mar Vaquero, una científica española de 32 años que trabaja en la NASA. El objetivo de estas inmersiones (dives, como lo llaman en EEUU) es conseguir datos que nos permitan saber cómo se forman y evolucinan los planetas gigantes. El día 11, un sobrevuelo de Titán modificó su órbita para dirigirla al punto de no retorno camino de Saturno. Durante tres días ha estado tomando imágenes y el mañana día 14 comenzará a procesar todos los datos hasta que, el 15 de septiembre, la sonda Cassini entrará como un meteoro en la atmósfera de Saturno enviando telemetría hasta el último momento (entiéndase que estamos hablando en segundos), donde se desintegrará para siempre. La Ciencia de ese épico final mostrará un mapa gravitatorio y magnético del planeta, fotos de tan cerca como nunca antes se hayan visto, así como la composición de su atmósfera hasta perder el contacto. Desde ese momento, muchos añoraremos las fotazas que durante todo este tiempo ha estado mandando, y centraremos el foco en alguna otra misión espacial que nos permita aprender cosas nuevas sobre el universo que nos rodea… Aunque tengamos material de sobra, se echarán en falta nuevas imágenes de la tormenta hexagonal de Saturno, de los anillos, de su superficie, de Encélado, de Titán, Japeto, Pandora, Tetis, Mimas, Pan, Pandora y el resto de la Comunidad que acompaña en el viaje al Señor de los Anillos. 


Thanks for the fish, beloved Cassini-Huygens!!!

Para ver más info, fotos y vídeos: https://saturn.jpl.nasa.gov