domingo, 9 de abril de 2017

Tercer aniversario del blog

Muchas gracias. A todos. Incluso a mi primer troll -y único, de momento-, porque sin él no podía haber sabido qué se siente cuando un desconocido te descalifica sin motivo. Esta entrada quiero que sirva para agradeceros a todos el interés durante los tres últimos años. 


Era un 8 de abril. Hacia unos días que mi servicio en una multinacional aeronáutica había tocado a su fin entre elogios y parabienes no consumados en un contrato indefinido para «la casa» (esto, en 2014, era signo de estabilidad). Tenía que volver a la central de la empresa que me pagaba la nómina… Mientras empaquetaba mis bártulos, algo me decía que no lo haría por mucho tiempo. ¿Y qué me llevo?¿Qué recojo? Lo más parecido que recuerdo a esa situación era cuando despedían a Chandler Bing de su trabajo de oficina, en la televisiva serie Friends. Son tantos los recuerdos que, llegado el momento, solamente te apetece llevarte lo que es tuyo: las postales, e-mails con diplomas y apuntes de los cursos que has hecho… quizá, a lo sumo, el cuaderno de notas donde a lo largo de años has registrado todo lo que tus compañeros te han explicado «n» veces hasta que has aprendido a hacerlo en automático. No necesitas más. El resto de cosas que te llevas está dentro de tu smartphone. Son nombres y apellidos que aparecieron en tu vida y que el tiempo se encargará de clasificar como colegas, contactos o simplemente compañeros, que no amigos. Aquel día en el que recogía mis cosas me despedí de todos los que consideré que debía despedirme. Por supuesto, también de los operarios de fábrica que tanto me habían ayudado en ocasiones, dejándoles recado para que me despidieran de los que entraban en el siguiente turno.  Son las personas las que hacen grandes a las empresas. Los números son sólo números. Sin personas, no hay números.

Era 8 de abril, decía. Llevaba unas pocas jornadas laborables delante de un ordenador sin tener muy claro qué se suponía que querían de mí. No me tenían asignado ningún trabajo, sencillamente porque no había trabajo. Un peregrino «trastea un poco con la última versión del NX…». Esa última versión del NX no me aportaba mucho, la verdad. A pesar de tener formación  y haber trabajado durante casi una década como técnico superior desarrollando proyectos mecánicos, llevaba los cuatro últimos años gestionando una parte de la cadena de suministro de piezas para los motores del Eurofighter, el Airbus A400M, el A320 o el Boeing 787 Dreamliner, entre algunos otros. Acosado por las entregas de los pedidos, satisfecho a la vez por ponerlas en verde en el Excel de rigor. Tratando de mejorar y aprender siempre, incluso de lo malo… que lo hubo a veces. Por eso, durante uno de los momentos a solas y por puro aburrimiento, entré en la web de algún periódico generalista y leí una noticia sobre la -por entonces- nueva trama de corrupción del PP: la Gürtel. En mi cuenta de Twitter había visto que algunos de los que yo seguía tenían un blog donde contaban sus mierdas, así que me dije a mí mismo: cuenta la mala hostia que se te pone, suéltala. Abrí una ventana de Google y tecleé: «crear un blog». Por aquel entonces, la manera más sencilla era blogspot. Y así fue que me inventé al Hombre de Anchiano. La actualidad política daba para un post por semana, pero en cierto modo me veía obligado a contar las cosas que pasaban en el mundo de la ciencia. Finalmente, tras una encuesta en Twitter, por mayoría aplastante decidí redirigir el contenido del blog exclusivamente a eventos relacionados con lo científico. La cadencia de publicaciones descendería, pero la calidad -creo- aumentó. 

Era 8 de abril, decía. Jamás pensé que mi nuevo entretenimiento tuviera la más mínima repercusión social, más allá de algunos retuits del @becarioenhoth cuando era el 50% de @PdeTannhauser. Sin embargo, empecé a sumergirme en el éxtasis del conocimiento al enterarme de que en Bilbao, además de festivales musicales como el BBK Live, hay festivales científicos. El evento Naukas Bilbao me sirvió para creer de nuevo en la humanidad. Gente que venía -y viene- desde todos los rincones de España a pasar dos días de charlas-píldora de 10 min, sobre decenas de temáticas distintas. Gracias a la UPV-EHU por estar detrás de algo tan grande. Tan grande, sí, que en 2017 se celebrará ni más ni menos que en el Palacio Euskalduna porque el aforo y las colas para verlo en el Paraninfo de la UPV-EHU empezaban a ser preocupantes. Con este evento, y gracias a Twitter, he podido conocer gente estupenda con la que al menos una vez al año me tomo unas cañas o como de pintxos por Bilbao. Científicos, profesores, aficionados a la ciencia, youtubers… Y la posibilidad de colaborar con algunas iniciativas tan chulas como la revista Principia Magazine (Gracias Quique) y Scenio (Gracias Javi). Algo impresionante para alguien que, de pequeño, soñaba con ser astronauta además de futbolista, y que vio como la vida pasaba sin haber llegado a la mitad de la mitad de lo que pensaba haber hecho, pero viendo como había llegado al doble del doble de gente de lo que pensaba aquel 8 de abril.


Era 8 de abril, decía. Bendito 8 de abril. Gracias a todos los anchianibers del mundo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario