jueves, 11 de febrero de 2016

La conCiencia femenina

"La escuela de Atenas" de Rafael contiene entre las personalidades representadas a la joven Hipatia.
Alejandr√≠a, siglo IV. El dorado Egipto romano, mezcla de civilizaciones, se zambulle en la convulsi√≥n viendo c√≥mo el Imperio Romano se parte por la mitad, despu√©s de que Constantino I se hubiera convertido al cristianismo y se llevara la capital de “su parte” a Bizancio, a la que rebautizarla como Constantinopla. La imponente torre reconocida como una de las siete maravillas del mundo antiguo que sirve como referencia a las embarcaciones en su aproximaci√≥n a la ciudad, edificada en la isla de Pharos -y que posteriormente dar√≠a nombre a ese tipo de construcciones hasta nuestros d√≠as- lleva siglos observando todo lo que acontece en la ciudad. Nada le extra√Īa… aunque, √ļltimamente, desde que la libertad de culto se ha instaurado, no le gusta c√≥mo ha visto mermada la presencia social de ese grupo de gente que quiere pensar en el por qu√© de las cosas, en favor de toda clase de obispos y monjes que han emergido tras verdaderas batallas para predicar el cristianismo en cualquiera de sus vertientes. La problem√°tica en ese momento surge de la interpretaci√≥n de lo que se considera “cristiano”; es decir, antes de la conversi√≥n de Constantino ya exist√≠an cristianos, que ahora no quieren ser subyugados a lo establecido por el Imperio. Son cristianos “independientes”. No obstante, est√°n viendo c√≥mo los predicadores reciben los honores patrios por hacerlo en nombre, ya no de Dios, sino del propio poder pol√≠tico. Dominan los tiempos. El tiempo. Y las masas. A finales de siglo, Te√≥filo es uno de ellos. Es intolerante, vehemente, y por desgracia para aquellos que no comulgan su doctrina, implacable. 

Rachel Weisz como 
Hipatia en la pel√≠cula 
"Agora" de Amen√°bar
En ese escenario, sin sitio para la Filosof√≠a, ni la Ciencia, acorralados por el aborregamiento religioso que obedece sin preguntar, la figura de una mujer, implicada en cosas que no debe si quiere llevar una vida tranquila, emerge de manera brillante en el amplio sentido de la palabra. Es Hipatia. Hija de Te√≥n, un c√©lebre hombre de ciencias que no duda -¡ojo! en pleno siglo IV- en transmitir a su hija los conceptos que √©l mismo inculca a sus disc√≠pulos; tanto de matem√°ticas, como de f√≠sica o astronom√≠a. La vida en un ambiente cultural y la inteligencia de Hipatia hacen el resto. Con el paso del tiempo, ayuda a su padre (e incluso algunos afirman que hay escritos atribuidos a Te√≥n que son realmente de ella), avanza en campos como la tecnolog√≠a desarrollando algunos dise√Īos impensables para la √©poca, y comienza tambi√©n a ampliar sus conocimientos sobre Humanidades: religi√≥n -a pesar de ser pagana-, pol√≠tica, oratoria, filosof√≠a Neoplat√≥nica… Tanto es as√≠, que su fama trasciende fronteras y a su casa, donde imparte las clases, llegan alumnos desde todas partes. A pesar de todo, es capaz de compaginar su docencia con estudios y comentarios a la  “Aritm√©tica” de Diofanto de Alejandr√≠a, “Las c√≥nicas” de Apolonio de P√©rgamo e incluso hay quien dice que hasta a algunos de los trabajos astron√≥micos del propio Ptolomeo. Adem√°s, Hipatia es una excelente editora, compiladora y protectora de todos esos antiguos manuscritos.  

Recreación del imponente faro de Alejandría
[tubajomundo.blogspot.com]
El faro sobrevive a otro cambio de siglo que transcurre de la misma manera que el anterior, y ya acumula casi 700 a√Īos. El ortodoxo Te√≥filo es sustituido al morir en el a√Īo 412 por su sobrino Cirilo, si cabe m√°s vehemente y fan√°tico que √©l. Con el imperio fragmentado f√≠sica y culturalmente, la religi√≥n -el Patriarcado- pugna con la Prefectura del Imperio, encarnada en Orestes, disc√≠pulo de Hipatia para ver qui√©n toma el control de la ciudad y se inicia una persecuci√≥n implacable contra los versos sueltos paganos de los que ella era estandarte en la ciudad; y lo era hasta tal punto que, finalmente, la pol√≠mata alejandrina sufre el fervor de las masas (dicen unos) o de la propia guardia de Cirilo (dicen otros) y es salvajemente asesinada, seg√ļn se narra en los textos de la √©poca. Asaltada cuando vuelve de camino a casa en su carruaje, es atada a √©l y arrastrada por las calles hasta llegar a lo que en aquel entonces es la Catedral de Alejandr√≠a, donde con -probablemente- tejas rotas y conchas de ostras es desnudada y descuartizada. Despu√©s de tama√Īa barbarie y para que nadie pueda rescatar esos restos, son quemados en el Cinareo.

Ese tr√°gico final no dej√≥ indiferente a nadie. Muchos cristianos vieron colmada su sed anti-pagana con la muerte de Hipatia, otros pensaron que fue un aviso de Cirilo a Orestes… pero, sin duda, lo que qued√≥ reflejado en los libros para los que hemos llegado despu√©s es que su muerte fue una sinraz√≥n por la defensa de la Raz√≥n. Un despertar de la conciencia para tantos y tantos hombres que con el paso del tiempo admitieron la evidencia. No cabe una Ciencia sin mujeres.

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