martes, 19 de enero de 2016

Ese punto azul pálido.


Estamos en ese momento donde todo va tan rápido que nos cuesta mantener la visión lejana para evaluar lo que realmente hemos conseguido, y lo que conseguiremos. 

De rutiners y progresivers. Me parece necesario poner en perspectiva qué tenemos en nuestras manos para tratar de ser mejores. Desafortunadamente, mucha gente no tiene ni la más mínima intención de intentarlo ya que por desgracia apenas disponen de medios para sobrevivir. Ni siquiera el amparo de vivir en el primer mundo es garantía de supervivencia. ¿Qué puedes pedirles a todos esos seres cuya única razón para vivir allí es que sus antepasados decidieron no subir la colina para ver qué había al otro lado?¿Cómo les puedes explicar que la mezquindad a la que son sometidos es uno de tantos defectos de nuestra especie?¿Por qué no podemos decirles que hay un montón de cosas que ni siquiera saben que existen y en las que a lo mejor estarían interesadísimos (y quién sabe si incluso destacarían en ellas)?

Para nosotros, poseedores de comodidades más o menos lujosas, es fácil desconectar de esa visión desde una perspectiva generalista. A todos nos ha dejado algún ser querido que nos recuerda lo egoístas que somos haciendo nuestro ese “la vida son dos días”, el famoso carpe diem, memento morí. ¿Para qué pasarla tratando de pensar en un futuro casi inmediato en el que ni siquiera estaremos? Sin embargo, somos muchos los que nos vaciamos tratando de explicar cosas que, a nuestro entender, merece la pena difundir y tenerlas en cuenta para que, a los que vengan después, les interese “saber”, les pique el gusanillo de qué pasó hace millones de años en la Tierra y de qué tenemos pensado hacer en el futuro [Digo esto como simple aficionado a todos aquellos campos “genéricos” de la Ciencia o la Historia que de una manera u otra puedo llegar a entender y explicar tantas veces como sea necesario, sin entrar en detalles para los que se requiere un conocimiento especializado]. Ambas situaciones están relacionadas entre sí, y es por eso que para explicar de manera básica la perspectiva generalista debemos salir fuera. El concepto “dar un paso atrás” para enfocar desde otro punto de vista que tan de moda está ahora en el análisis de sucesos empresariales o sociales. Ese paso atrás, como especie, lo dimos hace ya unos cuantos años, y fue gracias a Carl Sagan que lo hicimos. Lejos de estancarse en la divulgación al uso, el bueno de Carl le dio una vuelta de tuerca a su situación y jugó con la perspectiva. Ahí estaba la clave.

Información de la placa de la Voyager 1.
Hacia años que la sonda Voyager 1 había iniciado su viaje hacia los confines del sistema solar, cargada con un disco de oro lleno de información sobre nuestra posición en el espacio, la morfología humana o decenas de mensajes en diferentes idiomas -entre otras cosas- para que una vez concluida su misión, siguiera su camino al espacio profundo en busca de civilizaciones extraterrestres que tuvieran los avances necesarios para descifrarlos. Desde su posición en la sociedad científica internacional, y diez años después de su primera petición, Sagan habló con el Administrador Jefe de la NASA porque pensó que era necesaria una cura de humildad para todo ese resto de egoístas que pueblan la Tierra, pensó que todos debíamos saber que, convencidos de ser cabeza de ratón o cola de león, a nivel general, cuando se habla de los humanos nos colocamos arrogantemente en la cúspide de la cadena alimenticia, somos los más fuertes, y nos vemos como cabeza de león… cuando en realidad somos cola de ratón. Han sido determinadas características las que nos han permitido cambiar el mundo a nuestro antojo. Suerte, incluso. ¿Imagináis, por ejemplo, que todos los insectos salieran del mundo subterráneo y cubriesen toda la superficie de la Tierra hasta 1 m. de altura? Lejos de lo asqueroso que le resultaría a algunos, entre los que me incluyo, no sería un mal comienzo para que nos diésemos cuenta de que hemos sido los afortunados en esto de la Evolución.

No obstante, hay muchos otros que como es algo que no ha ocurrido, se la refanfinfla el supuesto. Ese, y cualquiera que no haya ocurrido. Su interés es el mínimo en intentar pensar en cosas que podían pasar pero no han pasado. No les interesa el pasado, ni el presente. Sólo el futuro, pero el suyo, nada de tribus ni visión global. Desean que todos sus días sean lo más parecidos posibles entre sí, de manera que pueda desenchufarse de la realidad que les rodea. Rutina tras rutina, les molesta hasta que les ocupen “su” sitio en el bus, o que cierre por vacaciones el bar donde toman café todos los días. La Teoría de Conjuntos define que dentro de esos grupos de personas haya algunos a los que también eso les moleste, pero que su mentalidad abierta, aventurera o cultivada, les haga creer que son mejores personas si tratan de investigar en temas que puedan suponer un avance que ayude a sus congéneres a mejorar su calidad de vida, de manera directa o indirecta. Para los rutiners, es difícil entender que es tremendamente ilusionante que una flor haya crecido en la ISS, o que haya agua en Marte, o cualquier otro de los satélites del sistema solar. Ellos sólo quieren llegar a casa y poner Telecinco porque les entretiene ver lo que hacen algunos famosos encerrados en una casa. ¿Les interesaría lo mismo un viaje de meses de duración con los primeros seres humanos que se aventuren camino de Marte? No sé qué deciros… Por contra, los progresivers, darían lo que fuera por ver las vicisitudes de un supuesto viaje tripulado al planeta rojo sin haber perdido un segundo de su tiempo en contemplar lo que se hacen en los GH´s de turno. Seguramente, alguno hasta daría un brazo por poder embarcar en esa nave. Para todos los rutiners sería un evento más de late-night, para todos los progresivers sería un motivo por el cuál encender la televisión a partir de cierta hora en la que ahora se antoja un milagro encontrar algo decente.

Foto de la Voyager 1.
Ante esa mezcla de sensaciones, no nos queda otra que remitir a quién corresponda a aquel que pidió a Richard Trury que por favor ordenase girar 180º la Voyager 1 y sonrieran cuando la sonda estaba ya a 6.000 millones de kilómetros (casi nada) para salir guapos en la foto que nos ponía en nuestro sitio. En perspectiva. Allí, lejos y azul, un puntito nos recordaba que somos unos afortunados viajeros del espacio dando vueltas montados en una roca, que a su vez gira alrededor de una estrella a miles de km/h., que por la dichosa gravedad nos lleva con ella en su viaje por la galaxia, aquí en Laniakea. “A pale blue dot” (un punto azul pálido) mucho más inspirador y poético que la mierda de blue monday que nos han metido en ese lunes de enero que lo único que hace es deprimir a los aprehensivos sin otro objetivo que conseguir que, paradójicamente, viajen más… comprando viajes en la agencia de viajes casualmente cliente de los publicistas que lo inventarion. ¿Viajar más?¿Es poco viaje el que nos muestran cada día los progresos tecnológicos? Así de patético es el ser humano. En eso nos hemos convertido: una máquina de engañar y aborregar a los rutiners de turno, que se escudan en la pena en lugar de celebrar el puto milagro del que forman parte. El azul es un color de elementos tangibles, no de mierdas virtuales. Así que menos blue monday, y más pale blue dot.


2 comentarios:

  1. Muy interesante tu blog, y muy interesantes las lineas que escribiste. Creo que los rutiners son mas en cantidad que los progresivers, y es por eso que nuestro punto azul esta próximo a decolorarse en rojo, blanco o negro. Un saludo.

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    1. Perdón por la tardanza en la respuesta, pero es tan inusual que me escriban pro aquí que a veces se me olvida revisarlo. Me alegro de que te guste, sólo por gente como tú merece la pena seguir con este portal. Muchísimas gracias!

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