viernes, 25 de septiembre de 2015

Un vaso y un plato.

Creo que ya se ha sobrepasado el cupo de lo permisible. Fuimos muchos los que nos dimos cuenta de que el candidato del Partido Popular a las elecciones generales tenía cara de ser lo que cada día desde hace bien poco se está empeñando en demostrar en un mundo 2.0 en el que los errores se magnifican, o al menos se ridiculizan hasta el extremo. Cuando votas a alguien por no votar a otros te puede pasar eso, que el presidenciable acabe siendo presidente y actúe de forma totalmente impropia con la necesidad de su cargo, hasta tal punto que lo defendible deje de serlo. Exactamente eso es lo que el Señor Rajoy Brey está repartiendo en pequeñas píldoras a todos los que le votaron pensando que es un tío cabal, ordenado mentalmente y dispuesto a recapacitar decisiones importantes, y está regalando también material de sobra para que nos sangren los ojos y los oídos, incluso para que deseemos que vuelva al plasma. 

Imagen: ondacero.es
Es inadmisible que tengamos que soportar la supina inoperancia y falta de reflejos a las preguntas del periodista de turno, entre otras cosas porque esas demostraciones solo refrendan la hipótesis de que realmente “un vaso es un vaso, y un plato es un plato”. No tenemos necesidad de confirmar que el presidente del gobierno lejos de no hablar inglés, ni francés, ni nada que se le parezca, ni siquiera es capaz de poner ejemplos tangibles cuando se habla de política con la que está cayendo en Cataluña. O que haga el ridículo por no saber enlazar en el contexto de una conversación lo que se habla sobre nacionalidades. Y peor aún, ¡¡que acabe haciendo él las preguntas!! (mientras le tiembla el ojo izquierdo, o la pierna izquierda de lo nervioso que está cada vez que hay una cámara grabando). Que los españoles somos muchos españoles, y muy españoles. Me pregunto si todos sus asesores le dicen “Joder, Mariano…” o “Muy bien, Mariano…”. Esa es la pregunta que debería preocuparnos. La de si se dan cuenta de que no somos idiotas, o la de si piensan que los que les votan sí lo son y que van a seguir votándoles. Porque quedan tres meses para despojar la margarita. Si, despojar. Pétalo por pétalo, hasta desnudar sus vergüenzas.

Imagen: elperiodico.com
Es que va una detrás de otra. Cuando no es el fin-de-la-cita, es un infantil argumento en la recepción a la selección de basket en relación a los más laureados. Y así llevamos cuatro años… que el que venga se alegrará de la herencia recibida porque el nivel del actual presidente en tan putapénico que sólo se puede hacer mejor. Es normal que las preguntas tengan que ser pactadas o que se use un plasma… Totalmente normal, visto el nivel. ¿Os imagináis a un presidente que después de una cumbre diga “Obama me dijo que…” o “Merkel me dijo que…”? Llevamos tres legislaturas con una incompetencia en lenguas extranjeras tan flagrante que nos hace quedar en ridículo a 45 millones de personas. Es triste que necesitemos tener monarquía para que sean ellos los que hablen en primera persona con Obama o Merkel, y que a nosotros nos pidan niveles C1 de inglés y alemán para un trabajo haciendo fotocopias en la oficina de una asesoría por el que nos pagarán 700 €/mes, y ya no te digo nada si eres científico (desde 2010 el gobierno ha echado a 11.000). La credibilidad de España está igual de trucada que los Volkswagen o los Seat. Todo va bien hasta que a alguien le da por hurgar un poco. Lo que está pasando con la industria automovilística es el resultado del mundo de los mercados y la esclavitud tecnológica en la que, como dice el gran Pepe Mujica, todo es dinero. 

Dicho todo esto, me cuesta creer que Rajoy, a la vez que queda como un imbécil, tenga la capacidad de estar metido hasta las trancas en una trama como la de la contabilidad B del Partido Popular. Si bien es cierto que es tan ecléctico todo… En el PP es todo tan atropellado y a salto de mata que nos tienen descolocaos a todos. La boda de Maroto se adelanta para que no haya invitados, pero luego van todos al banquete. Los jueces son imparciales, dicen. Los sobornos, regalos. Las conversaciones grabadas, son mentira (#WTF?!?). Los documentos son cosas raras de esas personas de las que usted me habla. Las vírgenes, condecoradas. Basta ya de tomarnos el pelo, hombre. Quien tiene que apechugar y arreglarnos la papeleta no es María, es Rajoy. Es normal que nos parezca una España de Berlanga, la de pandereta, la surrealista. Y toda la culpa es de la herencia, pero la cercana; porque el siglo XVIII acabó pasando a la Historia como el Siglo de las Luces, con grandes ilustrados aportando a la sociedad los valores y las explicaciones convincentes basadas en la razón. Hoy, aquí y ahora, en este siglo, los valores llegan directamente al mar desde los retretes, y la única luz que nos guía es la de Iberdrola. Es el Siglo de las Luces… apagadas.

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