viernes, 21 de agosto de 2015

Los desgreciados.

Definitivamente, la realidad de la tragicomedia griega supera a cualquier ficción que podamos encontrar en el telediario. Me han bastado unos días para comprobarlo. El caos está presente en cada esquina. Anarquía totalitaria salvo en los oasis que comprenden los resorts o los conjuntos arquitectónicos de interés cultural mundial. El turista que va a dejar su dinero se conforma con que no le saquen de su camino. El que le une con su hogar. Y paga. Vivir como en casa, pero en otro sitio… porque no le gusta nada lo que ve: calor asfixiante, hambre asfixiante, niños de entre 6 y 8 años que han aprendido a tocar instrumentos (habría que ver la voluntariedad) para juntarse en la parte vieja de la ciudad turística de turno, tocar y pedir en plena calle. El que no sabe tocar, canta. Eso es Grecia hoy, señores. Puede que desde vuestros sofás penséis que no es así, que estoy exagerando. Os aseguro que no me he inventado nada.
Cuando viajas por libre, sin ataduras concertadas, te das de bruces con lo que las noticias no enseñan. Cuando te desvías de la ruta que te marca el #Googlemaps. Cuando entras en la gasolinera de ese pueblo al que pensabas que no hacía falta entrar, pero estás perdido en Grecia. Y te metes en la tienda de ultramarinos que surte a los lugareños de absolutamente todo lo imprescindible para que les llegue con los 350 €/mes de pensión que tienen. Ancianas de negro. Con pañuelo… y bigote. Ejem. Tu cerebro sólo piensa en cruzar los dedos para que el tendero sepa algo de inglés porque tú andas de griego igual que él de castellano. Has librado. Turistas como tú, perdidos como tú, le han hecho ver que puede ayudar a desamparados como tú. Fiuuu. 
Las carreteras son una jungla de asfalto. Dos carriles se hacen cuatro, fagocitando los arcenes. Las líneas continuas, simples o dobles, los cambios de rasante, o los camiones de frente no son capaces de achantar a los conductores helenos… y pasados un par de días, tampoco a los miles de coches de alquiler con extranjeros que circulan por el país. Mimetismo, o donde fueres haz lo que vieres. Temerarios sin fronteras. A lo mejor si el gobierno de Tsipras cobrase todas las infracciones de tráfico que se cometen en el país, salían de la crisis… Frivolidades aparte, la circulación por carretera es un buen indicativo de cómo y por qué el país va como va. Los motoristas con el casco en el codo y los automovilistas sin cinturón y sin miedo.
Hace miles de años que los griegos saben lo que hacer
para que no les duelan las decisiones de sus gobernantes.
Eso es lo que hay allí. En un martes cualquiera… porque todo son martes. El trabajo brilla por su ausencia. Y lo único que te hace pensar que les da igual es que están sonriendo siempre. No es postureo. Son así. Quizá la Historia les ha dado tantas bofetadas que se toman todo a risa pensando que están de paso, que menuda chorrada es esa de la Troika. Que ellos en cuatro días están sonriendo y saludando desde la barca de Caronte, moviendo suavemente la mano al más puro estilo Reina Sofía… que por algo es griega y sabe cómo joder, así como soportar lo insoportable. ¿Tres rescates? Pues tres. Y que pase el siguiente. Que ya sabemos que Tsipras no ha tenido más remedio que hacer lo contrario a lo que dijo, pero al menos lo ha intentado. Los de antes ni siquiera lo hubieran intentado. Eso es lo que ahora los voceros de la derecha están intentando resaltar de lo que ha pasado en Grecia con Syriza. Sin embargo, no se dan cuenta de que ya estamos cogiendo el punto a eso de renovar las instituciones. Empezamos con las Europeas, seguimos con las municipales y autonómicas, y la tendencia hará que en las generales los dos dinosaurios se tengan que amoldar a la nueva foto. Los activismos, los antitaurinos, los laicos, los republicanos y todas las facciones de la sociedad que quieren que de una vez por todas el Gobierno, su Gobierno, deje de patrocinar a la Iglesia, a la monarquía y los empresarios de los toros. Es necesario que entiendan que estamos hasta los cojones de tener que hacer algo contra nuestra voluntad por estar en un país democrático… que ahora que cambian las tornas, apechuguen y sepan lo que se siente cuando las cosas dejan de hacerse como hasta ahora porque una mayoría opina que ya ha sido suficiente. Que cinco siglos bajo la tutela de los mismos es demasiado. 

Debemos aprender que a veces los cambios son necesarios, independientemente del precio. Personalmente creo que estamos en uno de esos momentos de nuestra vida. Tenemos a los de siempre diciendo que los nuevos no tienen ni puta idea, cuando lo que de momento hemos constatado es que los que realmente no tienen ni puta idea son ellos. Hay que ser conscientes de que de aquí a unos meses se mirará a Grecia para hablar de privatizaciones, dimisiones y nuevos partidos políticos resultantes de la escisión por pura crítica interna… ¡ay, crítica interna!, quién la pillara ¿eh, Mariano?… En España la nube popular en la que están flotando los que ganan sueldazos a dedo está empezando a esfumarse; esperemos que todo siga su curso y cambiemos las cosas, porque de la misma manera que los griegos no se merecen la bancarrota, nosotros tampoco nos merecemos que nos hayan roto la banca.

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