jueves, 23 de julio de 2015

Los palomos mensajeros.

Las noticias son algo desagradecido por lo ef√≠mero de su vida… salvo alcance m√°ximo en notoriedad, que entonces perduran m√°s all√° incluso que sus propios protagonistas. No hace falta explicar ese concepto. Esta semana, sin ir m√°s lejos, se han cumplido 46 a√Īos desde que dos seres humanos se posaban en la superficie de la Luna (por mucho que algunos no se lo crean) haciendo realidad su sue√Īo. Y digo “su” sue√Īo porque aunque mucha gente hubiera dado la vida por ser ellos, solamente ellos dos lo hicieron. Desde hace siglos el ser humano se ha dado cuenta de que puede proponerse un objetivo dado que tiene los medios mentales necesarios para intentar alcanzarlo. La Humanidad ha sido capaz de hacer cosas cada vez m√°s, digamos, planificadas.
Al principio, hace miles de a√Īos, nuestros antepasados progresaban por pura curiosidad, basada en la experiencia. Esto engloba el llegar a lo alto de la colina para ver lo que hay al otro lado, o el desarrollar utensilios moldeando s√≠lex y/o madera, y combinarlos. Fue necesario much√≠simo tiempo para ello, pero lo hicieron. Sus mentes probablemente usasen la l√≥gica mucho m√°s de lo que pensamos. El causa-efecto, aunque tambi√©n el instinto. Y as√≠ fue como los individuos de la prehistoria se extendieron por un mundo que para ellos era infinito, como hoy lo es para nosotros el Universo. La ley del m√°s fuerte era su √ļnico principio. Sin medias tintas. Implacable. Los grupos de hom√≠nidos campaban a sus anchas hasta que un buen d√≠a decidieron, nadie sabe c√≥mo ni por qu√©, asentarse. Campamentos base desde los que focalizar su modus vivendi. Puede ser que pensaran que, por ejemplo, #Atapuerca fuera un paradis√≠aco lugar en el que cambiar la exploraci√≥n territorial por el desarrollo de procesos agr√≠colas y utensilios con los que conseguir llevarse algo a la boca que no fuera el lomo de su compa√Īero muerto por la infecci√≥n m√°s insignificante, o por los golpes de la √ļltima pelea. En ese sentido a√ļn estamos un poco cojos, porque todav√≠a pasa. Llam√©mosle involuci√≥n.
Posteriormente, pasaron muchas cosas hasta que el ser humano cre√≥ a los dioses para entender su lugar en el mundo, y los personific√≥ en aquellos herederos del l√≠der del grupo, o incluso hasta que rindiera culto a sus muertos en lugar de com√©rselos. Las sociedades de todos y cada uno de los lugares cuyo vestigio ha llegado a nuestros d√≠as deja claro que la vida n√≥mada no ten√≠a la capacidad de desarrollo que ten√≠an aquellos grupos que uniendo sus capacidades hab√≠an conseguido levantar las pir√°mides de Giza, las ciudades incas, mayas o aztecas, la Gran Muralla China o el Coliseo de Roma. Empresas impensables para aquellos de #Atapuerca, preocupados m√°s por la supervivencia propia que por la de sus vivencias, aunque s√≠ que es verdad que alg√ļn que otro artista ya hab√≠a entre sus vecinos de Altamira… Ahora bien, con la vida bajo el control de las ciudades gracias a los m√©dicos, curanderos, chamanes y MUCHA suerte, comenzaron a permitirse el lujo de pensar en cosas m√°s banales como las joyas, el vicio o las estrellas. 
Siglos despu√©s, las diferentes disciplinas empezaron a dudar de la realidad divina y el geocentrismo, entre otros muchos aspectos intocables en la √©poca. Era cuesti√≥n de tiempo que hubiera mentes con la curiosidad de aquellos antepasados, y la capacidad y experiencia de estos otros mucho m√°s cercanos en el tiempo. De repente, la Ciencia entr√≥ como un elefante en la cacharrer√≠a de las religiones y comenz√≥ a verse que los l√≠deres herederos actuaban igual: matando a golpes a sus convecinos. En esa √©poca, la causalidad y la casualidad no iban de la mano, pero s√≠ que aportaban por separado para ver c√≥mo era el cuerpo humano por dentro, por qu√© suced√≠an las cosas, por qu√© s√≠ o por qu√© no. Y apareci√≥ el sue√Īo de volar. Desde que el mito hablara de √ćcaro y D√©dalo, nadie hab√≠a registrado con tanto af√°n sus intenciones como el gran Leonardo, el pol√≠mata por excelencia. Era la √ļnica cosa que √©l se planteaba ante la at√≥nita mirada de sus contempor√°neos. Y finalmente, en Fi√©sole, su amigo Tomasso Massini se lanz√≥ al vac√≠o ladera abajo con el aparato elaborado para aterrizar aparatosamente a 1.000 metros de distancia despu√©s de muchas horas estudiando el funcionamiento de vuelo de los p√°jaros (en el C√≥dice sobre el vuelo de los p√°jaros). Obviamente, fue algo fugaz, pero fue. Lo constat√≥ tambi√©n con un paraca√≠das que en el a√Īo 2.000 se confirm√≥ que realmente funciona. Da Vinci despert√≥ ese ansia por despegar que hasta el momento hab√≠a constado como un imposible por el mero hecho de no ser p√°jaros, murci√©lagos o insectos. 

Las acometidas al noble y loco sue√Īo de volar fueron tomando diversas formas y colores con el paso del tiempo. De repente, explot√≥ la Revoluci√≥n Industrial y aparecieron los hermanos Montgolfier, Zepellin y los hermanos Wright. Prueba-error. Y muerte, de vez en cuando. La mec√°nica del tren y el coche aplicada poco a poco al sue√Īo de surcar el cielo, y qui√©n sabe si el espacio. Por aquel entonces, las computadoras eran enormes, y sin embargo se quedaban peque√Īas ya… sobre todo para Wernher von Braun, el mago que consigui√≥ dar un empuj√≥n definitivo al ser humano para que pasase de ser “aeronauta” a “astronauta”. Y as√≠,  la Historia de la especie tal y como la conoc√≠amos, pas√≥ de un tormentoso aterrizaje en La Toscana italiana alrededor del a√Īo 1.505 al alunizaje en el Mar
de la Tranquilidad en 1.969. Cuatro siglos y medio de progreso exponencial, donde a√ļn hoy coexisten mentes tan brillantes como para pensar en enviar al ser humano a la conquista del sistema solar con mentes tan abruptas como los acantilados del cometa 67P/CG capaces de provocar el caos en el concierto mundial secuestrando -y ejecutando- periodistas. Pensar a lo grande o pensar en peque√Īito. Todo mi respeto a los freelances que se parten la cara por el mundo para que podamos tener una √≠nfima idea de lo que pasa por ah√≠. Son los palomos mensajeros del siglo XXI. A fin de cuentas, la mayor√≠a de nosotros somos s√≥lo gente que elucubra. En un bar o en una mesa. Con familiares o amigos. Sabemos qu√© es la Luna, pero no tenemos ni idea de que se siente saltando sobre ella aunque lo hayamos visto mil veces. Sabemos lo que es un Kalashnikov, pero no tenemos ni idea de qu√© olor desprende cuando acaba de disparar o c√≥mo silban sus balas. Por eso, hay que tener en cuenta el fondo y la fuente de las noticias. Cuando al principio del post he hablado de notoriedad y de protagonistas, seguro que no pensabas en qui√©n la ha dado, sino en qu√© ha pasado. S√≥lo espero haber despertado ese inter√©s por el trabajo que hay detr√°s de cada pu√Īado de palabras que ojeas en las p√°ginas m√°s desagradecidas de los diarios de todo el mundo. Ah√≠ no hay banderas, ni fronteras. Todos se dedican a informar de la mejor manera que pueden. 

P.d.: Respeto y fuerza para las familias y amigos de los tres periodistas espa√Īoles secuestrados en Siria, as√≠ como para las del resto de sus compa√Īeros. Esperemos que sea un mal sue√Īo.

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