sábado, 2 de mayo de 2015

Hechos, no palabras.


Ante los últimos acontecimientos en el seno de Podemos, y sin tener ni zorra idea de lo que habrá ocurrido en realidad, lo cierto es que al menos Monedero ha personificado lo que muchos pensaban que no iba a ocurrir: dimitir. De repente, el foco de atención no se centra en que por fin alguien ha hecho lo que todos los voceros dijeron en las tertulias cuando abrieron el saco y empezaron a echar dentro todas las boñigas que pudieron encima de él. De repente, el foco de atención no se centra en que el propio Monedero ha dicho que abandona la Dirección del partido, pero que NO abandona la militancia, que seguirá pensando lo que piensa y como lo piensa. Parece que lo más importante de todo durante las semanas previas, que era su dimisión, ya no tiene importancia cuando lo que deberíamos haber estado viendo era el desfile de dimisiones de todos y cada uno de los imputados sean del color que sean. Una vez que se ha conseguido el objetivo, los tertulianos se están encargando de emponzoñar más a un partido que realmente sabe lo que ha pasado, y que no desestabilizarán -me temo- cuatro soplagaitas a los  que se los pone un micrófono delante para el regocijo popular, y Popular.
¿De verdad que no habría que tener en cuenta esa dimisión cuando de un tiempo a esta parte  estamos cansados de recibir un tortazo al día por parte del Gobierno? Si no es la ley mordaza, es el destape de otro escándalo o juicios a preferentistas octogenarios, o desahucios dignos de la más rastrera mezquindad, vergüenzas inmigrantes que nos ponen en evidencia ante toda Europa. Ritaleaks, Gürtel, Púnica, Pokemon, Bankia, CajaMadrid, CAM, los Pujol, NOOS, los papeles de ese señor del que usted me habla… ¡y ahí están!, presentándose a la reelección en los ayuntamientos con causas pendientes o con causas por pender. Sus putos cortijos llegan hasta donde alcanza la vista. Es triste, pero repugnantemente cierto. Hacen lo que se les pone en los cojones fuera del parlamento porque pueden hacer lo que se les ponga en los cojones dentro de él. Y hemos sido nosotros los que les hemos subido a los carros de los caballos cuando deberíamos ponerles a sus pies. Me supera ver las reacciones de ciertos medios cuando se deben llamar a las cosas por su nombre y reconocer los errores que se cometen desde la más absoluta consciencia. Me gustaría tomar un café con la marioneta que preside el país para que off the record me diga qué piensa sobre que los trabajadores de TVE estén querellándose contra la Dirección de Informativos porque el nivel de censura y las condiciones de trabajo son insoportables. Es patético, pero es.
Llevamos demasiado tiempo esperando un cambio, y vemos que hay ocho millones de personas convencidas de que todos los presuntos chorizos son los perjudicados de una conspiración y que el único malo de la película es Bárcenas. O que los jueces son desautorizados porque no han visto esa conspiración y entonces es que no saben hacer su trabajo. Fiscales anticorrupción que le buscan las vueltas a la ley para que no se condene “tanto” a los que ellos quieren mantener en palmitas. Rebajas del ¡¡¡96%!!! en la fianza a Bankia, etc, etc, etc… Sinceramente, me dan ganas de hacer la maleta y marcharme lejos. Vivir en un lugar donde con lo mínimo necesario la felicidad se palpe cuando salgas a comprar el pan o a tomar una cerveza. Un sitio sin internet, con muchos libros, pero de los que se tocan y se leen sentado en la ventana mientras oyes llover. No sé, lo normal. Creo que el concepto “normal” como lo entendíamos no hace tanto, está de capa caída, o más bien brazos caídos. Incapaz de levantar el ánimo porque le disparan a las manos cada vez que los levanta.
Pues nada, de momento, el hecho ahí está: Monedero sin cartera. Veremos………

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