viernes, 15 de mayo de 2015

El lazarillo de los ciegos.

Estamos a menos de 10 días de saber quién de los españoles ha sido capaz de asimilar toda la información con la que le bombardean los medios hasta hacerle sopesar un cambio de voto, quién votará por agradecimiento a favores disfrazados en puestos de empleo municipales y/o autonómicos, quién votará por inercia… Sin embargo, sabedor de que todo ese pescado está vendido y huele a podrido, los únicos que merecen mi atención son los que no votarán, por desconocimiento o por dejadez. Como diría aquel melenudo que campó a sus anchas por Galilea “bienaventurados los que no votan, porque el día que lo hagan se sentirán más poderosos”. Metidos en harina electoral, tengo curiosidad por ver cómo queda el pastel para dejarnos ya de tanta chorrada de subidas y bajadas, intenciones de voto o retenciones de orina. Datos. 
Me descojono cada vez que veo a periodistas preguntar a los políticos del bipartito sobre “¿qué le parece lo que dicen las encuestas sobre la pérdida de X puntos?”. ¿Tan poco lince hay que ser para no darse cuenta de que la irrupción de Podemos y C´s suma aproximadamente esos X puntos? Ya basta de obviedades. Pregúntenles para saber qué tienen pensado hacer cuando fracasen porque eso es lo que el ciudadano quiere oír. ¿Qué pactos? Porque le echan en cara a Podemos o C´s que no pacten (o sí), pero no se dan cuenta de que ellos también van a tener que hacerlo. Y tampoco se dan cuenta de que a los ojos de los ciegos no les importa que PP y PSOE se junten para que no gobiernen aquellos, pero a los del resto de gente nos parece una aberración tan grande que merecerían una de las siete plagas de Egipto sobre esta puta democracia putrefacta que no es más que un nido de culebras, en el que maldita la hora que se hizo obligatoria la lectura del Lazarillo de Tormes y El Buscón, porque es vergonzoso como una vez conseguida la poltrona a costa de dominar la mente de los más limitados y/o agradecidos llevan 30 años regodeándose desde ella sabiendo que con haberles hecho cuatro carreteras donde no había, o con haber adjudicado obras con sobrecostes como el del tranvía de Parla, han vendido su voto al diablo eternamente, y los demás ciudadanos tenemos que empezar desde cero a hablar con todos y cada uno de los no-votantes para que nos saquen de este pozo porque las demás cabezas están lobotomizadas en aras de la manutención de chupópteros del tres al cuarto, de baño.
Así hemos llegado a tener tres presidentes del Gobierno que ni siquiera son capaces de defenderse en un segundo idioma y nos quejamos de que ya no somos primer mundo, si es que alguna vez lo fuimos. ¿Qué puta mierda de representación es esa? Luego piden tres idiomas y un máster para ser becario en un laboratorio de ratas como ellos en el que no te van a pagar nada porque esos mismos ineptos pelamangos han decidido seguir construyendo viviendas o parques y haciendo prospecciones en lugar de invertir en Ciencia para que no les entre una paja por el culo porque lo tienen lleno de mierda a puntito de salir en unos medios de comunicación hartos, por otro lado, de tener que ser ellos los encargados de airear las desvergüenzas políticas de toda esa pandilla de mangantes. Dejando de pagar los dineros de algunas de las principales sociedades científicas hasta ser expulsados de ellas como país. Qué tristeza. Mientras tanto, ellos van a follar con sus amantes a Canarias, o se pegan la vida padre en hotelazos de Inglaterra e Italia, donde con un mínimo de dignidad serían incapaces de dormir aunque fuera por remordimiento de conciencia y respeto al ciudadano.

Ahora bien, en entredicho queda también la moralidad de la sociedad que permite toda esta hecatombe nacional y que está realmente muy lejos de los que ellos llaman “rojos” o  “perroflautas”. Señores corruptos: muchos de los rojos y perroflautas lo único que somos es personas con la cabeza suficiente para pensar que lo que ustedes están haciendo va a penalizar a las tres próximas generaciones, porque desafortunadamente, la que está a punto de expirar cree que los jóvenes no saben hacer las cosas bien, o que a su edad ya para qué van a cambiar el voto. Pues bien, a los que quedemos, no nos queda otra que conseguir convencerles. Ojalá.

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