sábado, 28 de febrero de 2015

En(vergüenza)ajenación mental.


Con suerte, el de esta semana habrá sido el último #DEN en el que nos aburran con el “y tú más” los pimpinelas del monstruo bicéfalo que nos ha gobernado (por nuestra culpa, todo hay que decirlo) durante los últimos 40 años y se traten temas que realmente necesiten enderezarse a base de pim-pam-propuestas y no a base de recriminaciones mutuas, retrógradas y/o retroactivas.
Es una puta vergüenza que tengamos que soportar como un presidente no es capaz de poner el #ModoOrador_ON más allá de 1,5 frases, teniendo que leer un discurso de 37 páginas. De la misma manera que es una verdadera vergüenza que el ¿líder? de la oposición no sea capaz de utilizar el sarcasmo sin que suene amenazante, lo cuál resta elegancia al golpe. Rajoy quedó retratado cuando subió con los papeles perdidos a dar la réplica. El tic del ojo izquierdo. El volumen de su discurso. La vehemencia gestual. Estás perdido, y has perdido, Mariano… pero no contra Pedro Sánchez, sino contra todos los que vimos perplejos tu salida de tono.
Cuando te encuentras con las espadas en alto de un debate sobre el estado de la nación, en el que la inmensa mayoría de tus votantes NO están viéndolo porque son tan mayores que ya no les interesa, y con la nueva mayoría del montonazo de potenciales votantes siguiéndolo por twitter, hacer el ridículo con reproches caducados y cosméticos que sólo buscan el aplauso de sus bancadas me parece una temeridad -de cara a las próximas elecciones- por ambas partes. Citando veladamente a partidos de nueva creación con más miedo que vergüenza porque ven que la tarta va a haber que repartirla como nunca hasta ahora se había hecho en la democracia. Mientras tanto, uno de esos líderes velados, Pablemos, deja por un momento sus funciones como parlamentario europeo para montar un mitin a escaso medio kilómetro del Congreso, en el que se va tan arriba que a sabiendas de que no va a ocurrir nunca, ofrece un vis-à-vis con el presidente en cualquier canal, cualquier día. Bien jugado por su parte, aunque a muchos no nos ha convencido del todo. (Por cierto, creo que va-pu-le-a-rí-a a Rajoy).
El Frozen Free Fall representa demasiado literalmente la caída en la chabacanería, el despropósito o el “me resbala” de este antidemocrático gobierno. Por desgracia, 8 millones de estómagos agradecidos y/o cerrados de mente volverán a votarles a pesar de los pesares. Por eso espero que esta vez, para nivelar la balanza, muchos de los jóvenes que gracias a twitter se dan cuenta de que de vez en cuando Ruz, Gürtel, 3+2, Púnica, Lomce o CajaB son trending topics vean que a lo mejor hay que votar para que al menos no gobiernen como hasta ahora con mayoría absoluta. Ninguno de ellos habrá visto el #DEN2015 en la tv, pero cuando han ido a tuitear algo sobre la Esteban o #TheDress lo habrán visto ahí. A ver si de verdad conseguimos convencerles de que la reacción tangible empieza en las urnas y no en las manifestaciones.
Por lo demás, sólo puedo concretar mi opinión sobre la mejor definición de lo que ha sido el debate, que queda personificada en la vicepresidenta Celia Villalobos. Jugando al Frozen Free Fall, un juego parecido al Candy Crush… que a los efectos que nos atañen, viene a ser lo mismo. La volatilidad de las palabras de Rajoy sumieron a Celia en un sopor tan grande que no le quedó otra que ponerse a jugar con el iPad que entre muchas otras cosas tienen asignados como herramienta de trabajo los parlamentarios. De la misma manera que la política de este país queda definida con su arrogancia y enrocamiento sistemático. Mintiendo al decir que no jugaba cuando hay evidencias gráficas. Mintiendo al decir que leía la prensa. Saliendo del hemiciclo por la puerta de atrás. Enseñando el iPad con el ABC para “demostrar” que lo usa para leer la prensa y no para jugar. Y pasando de largo como el AVE por Puertollano con un musical “buenos días” cuando se enfrenta al día siguiente con los periodistas. 

Señorías, Sra. Villalobos, dejen de tratarnos como estúpidos y reconozcan sus putos errores como nos han enseñado a hacer al resto de los mortales en trabajos de más o menos mierda, y llévense esos malos momentos a casa para no poder dormir. No lo justifiquen aduciendo enajenación mental, porque lo que todos sentimos durante su patético final de legislatura es envergüenzaajenación mental, por suerte, transitoria.

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