sábado, 10 de enero de 2015

Si Clodoveo, no lo creo.

N. del A.: Por favor, que les quede claro a los creyentes que a los que no creemos en nada, que salga Ortega Cano diciendo que él es muy creyente y que reza todos los días para que dios tenga en su gloria al bueno de Parra porque él iba tan a gustito nos provoca entre risa e indignación. #EsoEsAsí.
En Francia, en Europa, en Occidente, se llevan -nos llevamos- las manos a la cabeza. La barbaridad que supone pensar que ser fundamentalista es lo correcto, que ni siquiera se pueda pensar que me da igual que tú sirvas lealmente a la deidad que alguien inventó porque yo no soy esclavo de seres imaginarios en los que no creo. Se llame como se llame. Con un modus operandi absolutamente injustificable me gustaría entrar a valorar por qué cojones se puede uno convertir en terrorista fanático. Puede ser un odio adquirido con el paso de los años, aunque dada la juventud de los implicados lo descarto (esto no son respuestas a bullying adolescente). Puede ser la memoria histórica que a casi nadie deja limpia la conciencia, pero lo descarto porque en todos sitios cuecen habas… si vamos a los años posteriores al descubrimiento de América podemos comprobar la forma de actuar de los conquistadores españoles y/o portugueses; que como aquello lo hicieron nuestros tatarabuelos parece que no fuimos nosotros los que exterminamos las creencias de civilizaciones sin tanta ambición expansiva, pero capaces de controlar la agricultura y el Espacio hasta hacer cálculos que aún hoy nos sorprenden.
Profundizando un poco más, el quiz es ¿por qué alguien perfectamente consciente de que nunca va a conseguir su objetivo convence a miles de mentes inanes para que luchen por ello? Es más, ¿por qué hacerlo a pesar de que el 99,9% de las víctimas en el camino rindan cuentas a su mismo dios? Es incongruente. Y, sin embargo, a nuestros occidentales ojos ni siquiera en plena era de la información digital pueden ser capaces de demostrar fortaleza. Para ellos la Guerra Santa lleva existiendo un montón de años, mientras nosotros seguimos nuestras vidas esperando a que lleguen las vacaciones de turno para alimentar al monstruo bicéfalo consumocapitalista en tal o cual destino turístico. El garantismo reinante en Europa provoca el caos ante el más mínimo movimiento terrorista, pero lo cierto es que Occidente tiene los medios y la capacidad para acabar con cualquier insurgencia masiva a escala mundial que pueda producirse. Habitualmente, el problema se arregla con un “vamos a llevarnos bien, que para eso están las Naciones Unidas”. Sin embargo, ¿qué pasa en la ONU cuando está la religión de por medio? Nada. Absolutamente nada. No se puede negociar con ellos porque desde su punto de vista los negociadores son infieles, así que a la mínima que los de Al-Qaeda o el EI puedan, les aniquilarán a sangre fría, o caliente. Para ellos, el fin justifica los medios. Buscan la notoriedad difundiendo impactantes videos en internet degollando a alguien o retratándose con cabezas enemigas.
A finales del Siglo V, con el Imperio Romano de Occidente finiquitado ante las afrentas bárbaras del Norte, uno de los matrimonios de conveniencia de la época entre el merovingio pagano Clodoveo y la cristiana Clotilde derivó en una petición constante por parte de ella para que se convirtiera al cristianismo. Él no estaba muy por la labor de creer en un dios único… hasta que un día, en la Batalla de Tolbiac contra los alamanes (sí, con “a”), con su ejército casi vencido no le quedan dioses paganos a los que rezar y dirige sus plegarias a Cristo prometiendo que si ganaba la batalla se convertiría al cristianismo. El azar hizo el resto: una flecha alcanzó de muerte al jefe alamán provocando la retirada de los suyos. Cumplió su promesa y por primera vez un rey pagano recibía el bautismo (junto con sus guerreros) en Reims (Francia). Ese fue, de facto, el inicio de la unión del clero con la monarquía francesa… que perduró hasta el siglo XIX y que sirvió a Clodoveo para expandir su reino. A día de hoy, hay 70 españoles -o residentes en España- combatiendo en Siria, y se estima que 3.000 europeos, que luchan con armas en su mayoría robadas al ejército iraquí. Ahora bien, que haya células infiltradas en Europa capaces de atentar como esta semana puede dar respeto, pero no tiene que darnos miedo. Sólo un golpe de azar como en Tolbiac puede hacerte caer. Esa es mi opinión: estar en el lugar inoportuno en el momento inadecuado.

Como ateo que soy, lo único que no puedo dejar de pensar es cómo se les puede convencer de que mientras nadie demuestre lo contrario, los dioses son una invención humana. Le pese a quien le pese, los milagros y los castigos divinos NO existen. Ni los infiernos. Ni los paraísos… ni mucho menos sus vírgenes. Que la obsolescencia de la religión en el Siglo XXI es tan grande que no sabemos cómo explicarlo.

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