viernes, 5 de diciembre de 2014

Y Luis sacará su fusil.


MADRID. C/Génova, 13. Apenas ha amanecido en la gélida capital. Los cimientos del edificio remodelado con dinero negro como el alma de sus habitadores se tambalean. Mariano, mascando tabaco, entra con cara de pocos amigos. Piensa comenzar a hablar a los allí presentes pero se da cuenta de que bastante mal se le entiende cuando habla ya de por sí, como para hacerlo mascando tabaco. Lo escupe. Ahora sí, se dirige a todos en tono malote. 
- Tenemosh que hablar. A lash nueve en mi deshpacho.
Nadie dice nada. Mariano sigue con paso firme hasta su despacho echando de menos el tabaco. Nada más entrar, cierra la puerta y se apoya exhausto de espaldas sobre ella dejándose caer hasta quedar sentado como cualquier perroflauta en el 15M, con los codos sobre las rodillas. Con la cabeza apoyada en los antebrazos comienza a llorar y balbucear “¿por qué?¿por qué Josemari me engatusó de aquella manera?”. Podía haber seguido chupando de la piragua otros 15 años sin más responsabilidades que las que le diese la gana tomar, sin dar explicaciones a nadie. Sin embargo, Josemari, el abdominator del siglo XXI, le había convencido para continuar con su legado. La gloria eterna. Se la coló. De seguro no habría aceptado el cargo si hubiera sabido que de ello dependerían amistades como la que le unía con Bárcenas, Cañete, Ruiz-Gallardón, Mato, Rato, etc… Gente a la que jamás se hubiera atrevido a “no-nombrar” porque eran sus amigos. 
Cabizbajo, una lágrima resbalaba por su mejilla y su gemela caía en la parte interior de las gafas. Negaba con la cabeza gacha. No entendía como aquel fatídico día en el que negó la mayor y salió airoso de la visita a la Costa da Morte, comenzó una escalada hacia el poder que acabaría como un reguero de petróleo en el océano repartido por todos y cada uno de los ministerios de su gobierno apenas una década después. Él sabía que existía la caja B. Sabía lo que se había hecho en la Comunidad Valencia, y en Galicia, y en Mallorca, y en Madrid. Y sabía que algún podrían descubrirlo, pero no pensaba que iba a desenterrarse todo a la vez. Tener que dar la cara día sí y día también le ha acabado obligando a hacer uso de su mayoría absoluta para pactar las preguntas con medios afines al partido en las ruedas de prensa, y responder desde un plasma. Lo nunca visto.

Acongojado, se levanta mientras en su cabeza le martilleaba el “Sweet child of mine” de los Guns N´Roses que Josemari solía cantarle por lo bajini durante las vacas gordas… A la vez que se acerca a la mesa, un WhatsApp al que no hace caso le hace vibrar el interior de la americana. Allí tiene la foto de grupo del primer G20 al que asistió, es su único recuerdo de aquella cumbre… bueno, ese y su charla con James Cameron “It is very difficult… todo esto”. Se propuso aprender algún día pero con tanto lío en la agenda no había sido capaz de sacar tiempo. Ni siquiera entre viaje y viaje a Cataluña. Es pronto, pero ya se oyen sirenas en el exterior. Recuerda apesadumbrado los buenos momentos como aquel apretón de manos  con Obama mientras se sienta y saca el móvil con la incertidumbre del “¿Quién será?”. De repente, la puerta se abre sin que nadie llame antes. Una cohorte de los cuerpos especiales irrumpen en el despacho sin mediar palabra, mientras él solo acierta a echar un vistazo al teléfono que tenía en la mano. Un mensaje escueto pero implacable. “Sé fuerte, Mariano”. 

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