domingo, 30 de noviembre de 2014

Injusta ceguera.

La dimisión de Ana Mato ha marcado la actualidad de esta semana por lo impensable que parecía. Ha tenido que ser un auto, y no precisamente su Jaguar, relacionándole con la Gürtel lo que ha acabado en dimisión forzada. Según dicen, Rajoy profesa tanto afecto a la dimitida que no ha sido capaz más que de hacerla dimitir como ministra, dejando en manos de la cesada el dejar el cargo de diputada. Es algo que a los demás mortales nos parece cuando menos extraño, pero que fuera de nuestras fronteras se antoja como una marcianada o Marianada más de tantas que hacemos al sur de los Pirineos de un tiempo a esta parte. En cualquier país con dos dedos de frente deberíamos ver una fulminante rescisión de la vida política de la anaranjada exministra. A todos los efectos. A todos los niveles. Aquí no. Aquí nos llevamos las manos a la cabeza, pero un ratito sólo. Lo justo entre partido y partido del Madrid o el Barça. O ni eso. La putrefacción del resto del frutero hace que la atención se disperse tanto que no veamos obviedades como esa. 
La Justicia se ha quitado la venda de los ojos de la que tanto presumían los políticos para juzgar a todos por igual cuando sabían de sobra que la realidad era bien distinta y se les está desmontando el tenderete. Por el camino han caído -desafortunadamente- Garzones y Elpidios, pero al menos ya se atisba un halo de mano dura a pesar del desbordamiento al que están sometidos los jueces con hasta 60 causas pendientes de dirimir por culpa de toda la cuadrilla de corruptos que han campado a sus anchas durante los últimos 30 años. Por fin se ha oído a un juez decir que se avergüenza de que esta chusma represente a los españoles en Bruselas cuando no saben ni siquiera hablar en público. Por fin se ha oído a un juez echar el freno a algún que otro listo que quería seguir meando fuera del tiesto. Una muy buena noticia para todos los cumplidores con hacienda y con la buena praxis. Es probable que no veamos ni un euro de lo que todos estos Adanes y Evas se han llevado a los paraísos fiscales, así que el único parecido con la Biblia debería ser conseguir que entrasen en el trullo sólo con el taparrabos. Con una mano delante y otra detrás, entre otras cosas, para que los que estén dentro les den la bienvenida al puto infierno. Me comentan que a la Pantoja ya le han metido unos cuantos tirones de pelo en la cárcel para marcar el territorio. 
Nos guste o no, todo esto no hubiera sido posible sin la presión que los medios han ejercido y que tan de moda está ahora. Resulta que hay tanta información como caña están metiendo, el Gobierno está más enfadado que nunca… más aún después de ver las últimas encuestas sobre intención directa de voto. La cualidad principal de la prensa es hacer periodismo, no ser mamporreros de las restricciones de tal o cual partido. El último ejemplo de rebelión ha sido el plante de los trabajadores de la televisión pública. Un paro que tiene una lectura mucho más profunda de lo que podamos pensar. Ha sido un puñetazo en la mesa más gordo de lo que los propios interesados piensan. El nombramiento del nuevo director, y los últimos incomprensibles despidos han hecho estallar las conciencias de todos los compañeros.
Creo que debemos agradecer a los jueces ese paso hacia la cordura democrática, pero también ser conscientes de que los principales medios de comunicación le han dado esa vuelta de tuerca que necesitábamos. Que si hay que hablar de corruptos, se hable. Sin importar el partido al que se azote. Y que si hay que sacar escándalos, se saquen. Por muy alta alcurnia a la que avergüencen. Que bastante tenemos ya con la putrefacción de los estamentos públicos como para no poder criticarlos más que en los bares. Ese es el baremo perfecto: las tascas. Ahí la gente lo dice todo muy clarito: “Son todos unos hijos de puta ladrones”, “¿Qué más pueden necesitar para hacer esas cosas?”, “Ojalá les metan a todos al maco?”, “Deberían restaurar la pena de muerte…” y un largo etcétera de lindezas que todos conocemos.

Con todo lo que -según dicen- está por venir, solamente puedo dar la bienvenida a la Justicia y al Periodismo. A ver si entre ambos nivelan la balanza…

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