domingo, 2 de noviembre de 2014

CorromPPer es Poder.

Cuando nos planteamos ver el futuro, a menudo y de manera inconsciente solemos imaginar lo que queremos. Es algo inherente a la especie. La insoportable relación entre ese deseo y la actualidad que nos rodea es lo que a veces nos hace mirar al pasado y bosquejar nuestro propio futuro lo mejor posible.
Las tertulias televisivas nos están llenando la cabeza últimamente con episodios de corrupción acaecidos en los albores de la democracia para referirse al típico “son todos iguales”… porque parece ser que durante la dictadura no había… ejem. El caso Filesa suele tomarse como el big-bang, el semáforo en verde de esa carrera, el primer “último puchi!!” de la historia de las evasiones de toda esta calaña sin más ideología que la del lucro, pero… ¿qué pasaba antes?¿existe un dios creador de la corrupción en España? La respuesta es sí. Y hace mucho. 
-El duque de Lerma-
Durante el intervalo de tiempo en el que fueron publicados “El lazarillo de Tormes” (1554) y “El buscón” de Quevedo (1626), había una vez un tal Francisco. No, no era el pequeño Nicolás, ni tampoco Franco de corneta. Hablamos de un vallisoletano de alta cuna: Francisco Gómez de Sandoval-Rojas y Borja, duque de Lerma. Un noble experto en mover hilos, educado siendo un niño en la corte de Felipe el Hermoso y que alcanzó la cabeza del estado de Felipe III. Su padre era marqués de Denia y su madre, hija del duque de Gandía. Ya veis, parece que toda la corrupción de España proviene -en este caso, sólo en sentido físico- siempre desde los dominios valencianos. Será el clima… Pero bueno, volviendo a don Francisco, ahí donde le tienen, el duque de Lerma se hizo inmensamente rico gracias a sus artes con el tráfico de influencias, la corrupción y la venta de cargos públicos hasta llegar a ser el hombre más poderoso del reinado de Felipe III. Tal es así, que tras ser nombrado primer ministro y valido del rey, se le atribuye explícitamente el traslado de la corte de Madrid a Valladolid en 1601. En una magistral operación inmobiliaria de compra-venta de propiedades en su propio beneficio, vendiéndole algunas al rey antes de la vuelta del reinado a Madrid, incluido un castillo de don Francisco de los Cobos, que al año siguiente ¡¡¡vendió al rey!!! En la gestión de la vuelta a Madrid y con la seguridad que da ser consejero real, negoció mediante ciertas maniobras y acuerdos con el alcalde de Madrid. Ahora lo conocemos como especulación. Esa es la herencia que la sociedad ha adquirido de la derecha española… lo que no sabemos es cómo y cuándo ha cambiado de acera para apoderarse también de la izquierda, e incluso de los sindicatos. Todo esto lo digo presuntamente, claro. No vaya a ser que el juez de turno se enfade y me caiga la del pulpo. A tenor de los resultados, me da miedo haber constatado que no existen ideologías corruptas por naturaleza, sino hombres corruptos. ¿Seré yo uno de ellos?… No lo creo. Ahora la gran incógnita que me asalta es si los de Podemos serán o no corruptos. ¿Os imagináis los telediarios dentro de unos años abriendo con Monedero de traje y corbata saliendo del HSBC en Ginebra con un maletín de Salvatore Ferragamo?¿o a Pablo Iglesias comprando en El Corte Inglés? Todo puede ser.

Saltamos en el tiempo y cambiamos de tema a lo estrictamente léxico en materia de escándalos. También durante la última semana, se ha enlazado la Operación Púnica con las guerras púnicas que tuvieron lugar entre Roma y Cartago. Nada más lejos de la realidad. Con un par de búsquedas en la web se puede encontrar la inconexión… La actuación policial recibe su nombre del Punica Granatum, o árbol granado (en clara referencia al único de los que han caído que EsPPeranza no puede decir que no conoce). Las guerras púnicas, sin embargo, lo reciben de la etnonimía latina primitiva con la que los romanos denominaban a los fenicios (ancestros de los cartagineses) a los que llamaban PoenicÄ«. Ambos pueblos se enzarzaron a lo largo de algo más de un siglo hasta tres veces. Por supuesto, el romanticismo geopolítico no estaba muy de moda en aquella época y la única finalidad de Roma en esas batallas era hacerse -primordialmente- con Sicilia para expandir el Imperio. A poco que sepamos de geografía, ya sabemos que les salió como querían. De la misma manera -y volvemos a la corrupción-, convivimos en la semana fantástica del Corrupcionismo. Una falta de cultura “de legalidad” como la que estamos sufriendo, acrecentada durante el mes de octubre y con base principal en la comunidad de Madrid, hizo que Podemos se marcara la conquista de su Sicilia particular: Madrid. No hace falta ser un hacha para darse cuenta de lo que comentó la semana pasada Jordi Évole en una entrevista: “Tal y como está la cosa ahora, Podemos solo tiene que sentarse a ver pasar el cadáver”. Yo no entraré en si es bueno o es malo la irrupción tan a lo bestia que se vaticina al equipo de gobierno del nuevo Pablo Iglesias. Pero los datos ya apuntan a pseudovictoria en la capital. El tiempo lo dirá, pero desde luego que si de algo estoy seguro es de que no nos puede caber la menor duda de que por fin parece que habrá un cambio de registro en el hemiciclo del congreso. También me queda claro que la única consecuencia directa de que haya corruptos es que Podemos se beneficia de ello. Por eso he titulado el post de hoy con el doble filo que muchas veces ofrece el castellano. A día de hoy, corromPPer es Poder. Poder de Podemos. Cada golpe a la casta, supondrá un aumento en intención de voto hacia la regeneración. Lo que es una vergüenza, y no lo digo yo, sino el juez Velasco es: “que hayamos mandado a esta gente a instituciones europeas cuando no saben hacer la “O” con un canuto”.


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