domingo, 21 de septiembre de 2014

Escocía… y escoció.


I´m sorry. No pude aguantarlo. Sin épica ni retórica de por medio, la madrugada del jueves al viernes me dispuse a asaltar cualesquier programa que estuviera hablando de lo que estaba pasando en la Pérfida Albión. Apenas encontré un debate en la televisión pública con todo el coloquio sobre Escocia girando en torno a la soberanía de Catalunya, cuando debería ser -como mínimo- viceversa. Por eso, me incorporé y cogí el portátil para ver qué se cocía por ahí arriba. Entré en la web de BBC-Scotland y, después de cinco minutillos de adaptación al acento bonito, pero jodidamente cerrado, empecé a empaparme de lo que unos y otros se tiraban a la cara con todo el respeto del mundo. Algunos “hablando-de-su-libro” y otros dando datos. El moderador poco más que sólo interrumpía para dar paso a los diferentes centros neurálgicos cuando se hacían públicas las cifras de tal o cual región. 
En el estricto sentido de la votación democrática: todo un ejemplo de participación (¡¡casi el 85%!!!). Si de algo no pueden quejarse los “perdedores” de Scotland, es de que la gente no haya votado. Brutal. Y, como ya he dicho, ejemplar. Basta ver las últimas participaciones en España para darse cuenta de la mierda tan grande a la que pertenecemos, o nos han hecho pertenecer. Los escoceses han votado, con falda de cuadros o sin ella, con helado, whisky y café o sin ellos, pero han votado. Innegable IMPLICACIÓN para una decisión tan importante. Sabían lo que se jugaban. En España, por ejemplo, en las últimas europeas fue de un 43%. Algo que denota la paletada de una decisión de ese tipo es que aquí después de dos minutos de debate político, la conversación acaba derivando en si el Barça jugaría en la liga española o no. Somos patéticos. Los que tocamos la pandereta en la tuna de Europa. Los bufones. En Escocia han sido conscientes y conscientemente informados de lo que se estaba cociendo. Incluso, con la victoria del “NO”, se estableció un libro de ruta para conseguir ciertas secciones de autogobierno sin precedentes. A saber: gestión de las prestaciones para vivienda, política de integración laboral, Bienestar. Sin embargo, reclamos como el petróleo, las pensiones, Defensa o Exteriores permanecerían en Londres.
En el estricto sentido de la independencia: NO. Con este referéndum, los dirigentes británicos se han asegurado una generación de conformismo porque ya nadie se va a sentir engañado, oprimido, indefenso, magullado o cualquier otro calificativo que desprecie la esencia democrática. Han permitido que la ciudadanía decida qué hacer y, lo que es mejor aún, un acuerdo previo al día-D (no confundir con día-da) en el que ambas partes se comprometían a asumir el resultado de la consulta y trabajar después de ello por el bien común. Honor británico. Aquí, no sé qué me da que no va a ser posible ni lo uno, ni lo otro. En el hipotético caso de que Cataluña tenga el gustazo de celebrar la consulta de la manera que ellos quieren, seguramente la pregunta sería tan ambigua y volátil que daría grima hasta decir basta. Por eso el PP se escuda en la ilegalidad y en no modificar la Constitución para que el pueblo catalán sea soberano. No digamos ya de la presumiblemente imposible desanexión del País Vasco. Y eso que son muchas las cosas que diferencian ambos procesos del que ha tenido lugar en Escocia. Sin embargo, hay un hecho diferenciador que es precisamente el que ha permitido montar todo este tinglado: Escocia lleva perteneciendo al Reino Unido “sólo” desde 1707 y bajo amenazas chantajistas por parte de Inglaterra de retirada de comercio, etc… En lo que aquí nos atañe, y por razones geográficas, País Vasco y Cataluña llevan uncidas bajo el yugo monárquico y el vasallaje tanto tiempo que ni se considera relevante su época independiente. En cierto modo, a los escoceses les venía bien estar tan en-el-culo-del-mundo para que nadie hasta ese momento se interesara por doblegarles. Cataluña y País Vasco estaban en el lugar equivocado en el momento inoportuno.

Por último, como curiosidad, para los que no anden muy duchos en etimologías y se llevaran las manos a la cabeza con las especulaciones de la Duquesa de Alba como plausible heredera al trono escocés, el “Alba” de su título proviene precisamente de allí, ya que en gaélico “Alba” es “Escocia”.

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