lunes, 18 de agosto de 2014

La rueda cuadrada: la religión.

Desde que el hombre es hombre, su destreza intelectual ha ido resolviendo problemas y solventando adversidades a diestro y siniestro, algunas veces por casualidad y otras por curiosidad. Desde la hilarante irrupción del fuego y el control sobre él, hasta la invención de la rueda, pasando por la consciencia de la repetición de eventos astrológicos/astronómicos, la agricultura (término ya más intangible para aquellos, pero real al fin y al cabo), la música, la numerología, y un largo etcétera que me llevaría a un ladrillo como El Quijote. Todas las vicisitudes que nos han llevado al punto en el que nos encontramos hoy en día, han nacido, crecido y muerto en manos de los hombres. HEMOS PROGRESADO.
La Evolución ha ido poniendo las cosas poco a poco en su sitio. Muy poco a poco. Extremadamente poco a poco a veces. Pero las dudas han ido despejándose gracias a mentes perseverantes o iluminadas y adelantadas a su tiempo, algunas incluso a tiempos futuros. Excelentes conjunciones de momentos, lugares y personas que han conseguido ir poco a poco labrando la Historia de hechos que fueron extraordinarios en su momento y que hoy en día no lo son en absoluto (o sí). El Neanderthal, Imhotep, Hipócrates, Arquímedes, Avicena, Leonardo, Galileo, Newton, Edison, Tesla… Incompresible y curiosamente, parece como si la sabiduría hubiese ido dándose un paseo por el planeta como si hubiera ido exprimiendo los sesos de los sesudos en cada lugar y fecha y abandonándolos como un juguete roto para conseguir más “comida”. Paraos a pensarlo un minuto… El África “más básica”, Egipto, Grecia, el mundo árabe, Italia, Francia, Inglaterra, América… Pues bien, de entre todos esos millones -y me quedo corto- de pequeños o grandes obstáculos superados que han forjado la Historia, hay uno que no hemos sido capaces de saltar. Unas veces por desconocimiento y otras, la mayoría, porque no nos han dejado. Una interrogante de puñetera y rebosante simplicidad, que ampara a los que no quieren saltar y que golpea a los que quieren: “¿Cómo empezó TODO?
Desde que las emociones se clavaron en los prehistóricos corazones de la Edad de Piedra, el ser humano se intenta ubicar en algo que le sobrepasa sobremanera hasta el punto de inventarse diferentes inicios o “rendirse” a la Tierra, que es lo único que conocen, sin tener ni pajolera idea de dónde han salido ellos. Porque no les daba para más. La desaparición de los seres queridos era tratada sin tapujos -literal y figuradamente- hace millones de años. Sin embargo, a medida que el cerebro humano se desarrolla, los vínculos interpersonales también aumentan y la muerte empieza a tener un papel cada vez más notorio entre los diferentes individuos independientemente de la época de la que hablemos. Durante un buen montón de siglos, la muerte gobierna sobre todo lo relacionado con las vivencias. Siempre en el “top”. Y hay un momento en el que el pensamiento generalizado comienza a converger hacia La Pregunta. Por eso, deciden que si la Naturaleza se lleva a la gente es porque ella misma los ha creado. Algo conformista y poco metafísico, pero a ellos les valía. Así, poco a poco, el ser humano inventa el alma y a la Diosa Madre. Les daba igual lo que pensasen los demás, porque no se iban a encontrar en la vida para discutirlo. Pasaron otro buen montón de siglos, y la cosa pasó a mayores. Se inventaron los dioses “customizados”. El hombre atribuye cada tipo de cosa a un dios específico. Eran los Senior Consultants de los egipcios, griegos, romanos, mayas, aztecas, fenicios, etc… La geografía europea va dando pasitos hacia la Filosofía, y empieza a pensar en serio a ver de dónde coño hemos salido nosotros. Con la demografía mundial localizada en muy pocos lugares -a comparación de ahora-, surge la chispa. De repente, el monoteísmo irrumpe en el mundo. De repente, se decide dejar de atribuir cosas a la carta, para concentrar el TODO en un solo dios. Por supuesto, se inventan que dios puede matarte, y toda una serie de pretextos para atemorizar al vulgo, así que es perfectamente plausible que lo creara todo. Incluso desde el principio. De repente, la dialéctica del dios único y todopoderoso, converge con la muerte. ¡¡ZAS!! Ese punto. Ese momento. Esa convergencia y unión (y no la de Jordi Pujol), es la que genera una inusitada vehemencia y servilismo gratuito a lo divino, a lo intangible, a lo temido. La Teología está en la city. La religión ha llegado. Algo en lo que no dudar, porque de la misma manera que se han inventado los dioses, se han inventado sus representantes en la Tierra. Y adquirirán poder y riqueza a costa de la muchedumbre analfabeta que no desea nada más que poder llegar al día siguiente sin que ni a él ni ningún ser querido le pille una espada, un infección molar, la peste o cualquier cosa que le mande al otro barrio. Y súbitamente, la rueda del Progreso, que giraba a velocidad de crucero, empieza a frenarse por obra, gracia y desgracia del Divino-de-turno. Aquí y en Lima. Nos ha costado mucho conseguir lanzar la rueda y ahora a pesar de contestar las dudas que nos plantean con Ciencia, datos o demostraciones, ellos se empeñan en querer mantener el status ganado a base de miedo y fe sin otra cosa que el poder adquirido durante tantos siglos (que no es poco). 
Han trasladado la fe a la política del miedo, sin darse cuenta de que ya no hay tanto analfabeto. De que hoy en día, el escepticismo genera muchas más simpatías que en el siglo en que aún hoy se creen que viven. Matan moscas, perdón, gazatíes a cañonazos. Ébolas a avionazos. Sueños a recortazos. Adjudicaciones a pelotazos. Amparados -y es lo acojonante, lo que de verdad da miedo- en las urnas. En el nombre de Yavhé, Alá o la Santísima Trinidad, lo único que está pasando a día de hoy es que hay cristianos matando a musulmanes en África, musulmanes matando cristianos en Siria e Irak, judíos matando a musulmanes en Gaza, budistas matando a musulmanes en Birmania… Para más INRI -nunca mejor dicho-, para los yihadistas todos los demás somos infieles y debemos ser eliminados.
Hace un tiempo, vi en las noticias que unos pastores habían solventado el problema de transportar pesos en carretilla cuesta abajo poniendo la rueda cuadrada. Costaba más moverla, pero no se les caía la carga y tenían que recolocarla cada dos por tres. Lo que para muchos sería un atraso, para ellos la rueda cuadrada fue un progreso. A veces la solución está en volver al pasado, como en este caso.
Desafortunadamente, la rueda cuadrada que nosotros mismos hemos creado en modo de fe, lejos de ayudarnos para progresar como a los pastores, nos está frenando. Maldita rueda cuadrada, la religión.

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